domingo, 12 de agosto de 2012

13. La marea humana de Tokyo

Viernes, 10 de agosto de 2012.

Palacio imperial

Si algo no falta en Tokyo es gente. Sólo  12 millones de habitantes que corren de aquí para allá dentro de un armónico caos. Pues caos parece a ojos de un occidental, pero hay que decir que son muy organizados. Hay que guardar cola en la entrada de los vagones de los trenes y el metro, pues en el suelo están indicado donde se encuentran las puertas. Y si observa uno con detenimiento el flujo denso y constante de la estación de Tokyo (la estación central) en hora punta, se dará cuenta que los ciudadanos se mueven en todas direcciones sin apenas chocar, y cuando ello ocurre, no hay malas caras, ni modos bruscos. Disculpas y a seguir adelante.

Estación de Tokyo. Hora punta
A más de uno que yo conozco le daba clases de civismo y educación japonesas.

Ginza
Ginza. Edificio Sony















En Tokyo nos apeamos para acercarnos a los cercanos jardines del Palacio Imperial, pero hete ahí que estaban cerrados en el día de hoy, por razones que se me escapan. Nos dimos un paseo hasta los muros del Palacio, al cual no se puede acceder por ser residencia del Emperador y su familia.
De allí caminamos a Ginza, algo así como la Gran Vía o el barrio de Salamanca madrileños donde se congregan buena parte de las tiendas lujosas de Tokyo y en donde se erige el emblemático edificio Sony, donde los amantes de la electrónica pueden “toquetear” lo último de esta marca, incluso lo que aún está por comercializar.

Electric City. Akihabara
Una buena opción para comer barato son los restaurantes de comida japonesa, tipo fast food, en la que rápidamente te sirven un plato de arroz, fideos, sopas y otros platos, un poco al estilo de los menús del día españoles, con platos normales que uno pudiera comer en casa.

Meido Servant. Akihabara

Electric City.Akihabara
De Ginza seguimos caminando hasta acabar en la zona de la lonja de Tsujiki (una atracción para la que hay que madrugar mucho. Este año estaba previsto su traslado a unas instalaciones más modernas) y de ahí a la estación de Shinbaishi, para dirigirnos a Akihabara, uno de los paraísos para los amantes de la electrónica, aunque los precios no son nada competitivos. La cámara Nikon que necesito cuesta aquí, 300 € más cara que en Hong Kong.
Akihabara (o Akiba como de la conoce por aquí) es uno de los centros del universo “anime” y “manga”. Es un espectáculo pasar por alguno de los edificios donde se venden millones de artículos relacionados con este sofisticado, y complicadísimo (yo me quedé en Mazinger-z) genero de animación: DVD, muñequitos de todo tipo y tamaños (carísimos) y demás complementos, que hace las delicias de miles de jóvenes (y no tan jóvenes)

Cruce de Shibuya. Viernes noche
Y en cada esquina abundan las jóvenes sirvientas repartiendo propaganda de los “meido café” o cafés de sirvientas, extraño fenómeno proveniente del mundo manga, en las que la relación cliente-camarera es de amo-sirvienta, aunque nada tiene de sexual, por lo que parece. El cliente paga por ser servido, por una de estas adorables muchachas, vestidas como sensuales criadas (me costó un huevo hacerlas una foto, pues no quieren ser fotografiadas, y a la mínima se tapan la cara). Por una cantidad adicional te dan conversación y juegan contigo a algún tipo de juego de mesa, o al universal piedra, papel, tijera. Si las ganas puedes obtener algún premio (no sexual) o algún tipo de promoción).
Extrañas costumbres. Y no conseguí que me dieran ningún folleto en la calle ni aun separándome de Mabel unos metros. Ella piensa, que siendo extranjero la comunicación puede ser difícil y este jueguecito exige algo de ello.

Tras hacer unas compras en las tiendas de la estación de Tokyo, nos volvimos al ryokan para descansar algo, antes de salir de nuevo hacía el cruce más famoso del  mundo: El cruce de Shibuya, algo digno de verse un viernes por la noche. Miles de personas cruzando las calles es algo simplemente impresionante.
Los fines de semana tokiotas son trepidantes, y merece la pena disfrutarlas aunque por ello te arriesgues a ser aplastado en algún vagón de tren. Una buena oportunidad para dormir para algunos. Los vagones van tan atestados que uno puede quedarse dormido de pie sin peligro de caerse.

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